Afrontar la muerte de un ser querido

7:07 Pat Casalà 0 Comments

¡Buenos días! Ayer volví a la realidad de la oficina, con mil fletes que terminar y alargando las horas como si fueran chicle para meter todas y cada una de mis obligaciones sin dejarme nada. Por la tarde, en mis horas de escritura, estuve muy espesa y apenas logré avanzar. La verdad es que publicar tanto, estar expuesta a opiniones y contar con mil mensajes de lectoras me hace sentir en un tiovivo de emociones que de un momento a otro me va a acabar mareando.


Me viene a la cabeza esa canción llamada Yo soy rebelde, pero cambiándole el rebelde por voluble. Y es que voy de un lado a otro como una peonza, me emociono cuando descubro que una de mis historias ha llegado al alma de un lector y me duele cuando no lo ha logrado. Supongo que me falta madurar en este aspecto y rebajar mis sentimientos, aunque entonces quizás ya no sería yo.
Ayer por la noche vi un episodio de una de las series que sigo. No os voy a dar nombres para no hacer spoilers. Mientras veía cómo avanzaba me sentía trasportada al principio de CDTEAT, con Julia en el entierro de su madre. Una de las hijas de la fallecida tiene su misma edad, es rubia y cantante… ¡Incluso estuvo en la barandilla de la terraza con su novio un momento!


Mientras veía cómo avanzaba el capítulo descubrí que había muchos paralelismos con el principio de mi historia y me di cuenta una vez más de que la manera en la que cada uno afrontamos la muerte es muy diferente. En mi familia nos hemos enfrentado a tres fallecimientos muy dolorosos en el período de dos años: mi cuñado de treinta y dos años, mi suegro y mi cuñada. El primero fue traumático porque mi hermana no se lo esperaba, el segundo tras una larga enfermedad y el tercero por culpa del temido cáncer.
 ¿Y cómo funciona el dolor en estos casos? Es tan diferente para cada uno de los afectados… Mi hermana fue una roca, consiguió salir adelante con fuerza y coraje, no dejó que la pena le impidiera seguir con su vida y poco a poco remontó. Al día siguiente del entierro fue a trabajar, hizo un montón de nuevas amistades para no quedarse en casa y consiguió volver a sonreír, aunque el dolor la desgarrara en muchos momentos.


Mi marido todavía recuerda a mi suegro. Muchas veces habla de él y la pena de perder a un padre dice que nunca se supera, pero también continuó con su vida, con su trabajo, con una sonrisa cuando era necesario. A mí me dolió, acababa de salir de una operación de rodilla, no podía andar y no era mi mejor momento, pero intenté distraerme con algunas actividades extra y el día después del entierro fui capaz de sacar mi primera novela autopublicada con emoción.


Decir que el recuerdo de la muerte de mi cuñada es doloroso se queda corto. Dejó atrás tres hijos, un marido y una vida llena de buenas obras. Cuando nos llamaron a las tres de la madrugada fue un golpe y más cuando fuimos a contárselo a sus hijos a primera hora de la mañana. Lloros, dolor, tristeza… Fue un día lleno de desconsuelo… La enterramos el día del cumpleaños de uno de sus hijos, el mediano, que cumplía catorce. Al día siguiente fueron al colegio los tres, sonrieron en algunos momentos, lloraron en otros y consiguieron buscar algunas actividades que les distrajeran del dolor.
No es lo mismo pensar en cómo nos enfrentaríamos a una muerte que vivirla…
Ayer salió una preciosa reseña de Rumbo a ninguna parte en el blog Libros, historias y yo (enlace). Es bonito leer una opinión así porque ayuda a mi volubilidad a sonreír.

¡Feliz día! J

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